Acerca de Quipisca

“Me imagino una comunidad empoderada de su territorio, con un plan de desarrollo integral con identidad cultural a largo plazo, y con una sustentabilidad propia también, no con el asistencialismo que ahora se está dando”.
Wilfredo Bacián, Presidente de la Comunidad Indígena Quechua de Quipisca.

A partir de la década de los noventa la quebrada de Quipisca ha sido impactada muy fuertemente por el proyecto minero Cerro Colorado, propiedad de la empresa británico-australiana BHP Billiton, cuyo botadero occidental se ubica a poco más de 5 km del caserío principal de la Comunidad Indígena Quechua de Quipisca, afectando de manera directa y ostensible a todo su territorio.

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Inti Raymi en Cerro Wata Watana, Quipisca 2015

Inti Raymi en Cerro Wata Watana, Quipisca 2015

Desde el año 2014, la Fundación Desierto de Atacama asesora a la Comunidad Indígena Quechua Territorial de Quipisca en temas de antropología, arqueología e historia, con el fin de apoyar su proceso de defensa y resguardo del patrimonio indígena de su territorio, proyectando la puesta en valor de sus principales sitios y atractivos patrimoniales. Uno de los primeros productos de esta asesoría fue una Línea de Base del Medio Humano independiente, encargada por la comunidad, en la que se consideraron las cinco dimensiones propuestas por el Decreto 40 del SEIA (geográfica, demográfica, socioeconómica, bienestar social y antropológica). Las conclusiones sirvieron especialmente para contrastar y profundizar los estudios encargados previamente a consultores por empresas mineras.

En esta misma línea, a contar del 2015 la Comunidad encargó a la Fundación Desierto de Atacama la elaboración y puesta en marcha del Plan Patrimonial de Quipisca (PPQ), una iniciativa surgida desde la comunidad y obtenida como medida de compensación por el impacto de la mina Cerro Colorado en su territorio.

Dicho convenio comprende:

  1. Elaboración y actualización de una línea de base patrimonial respecto del Proyecto de Continuidad Operacional de la Compañía Minera Cerro Colorado (CMCC) y su área de influencia.
  2. Elaboración y actualización de una línea de base patrimonial respecto del territorio de Quipisca (catastro actualizado).
  3. Investigación arqueológica de los geoglifos que se encuentran en el área de influencia directa e indirecta del Proyecto.
  4. Plan de protección de sitios arqueológicos dentro del área de influencia del Proyecto.
  5. Monitoreo arqueológico permanente de las zonas de influencia directa e indirecta en coordinación con las áreas de Exploración y Explotación de CMCC.
  6. Elaboración y puesta en marcha de un Plan de Puesta en Valor y Administración Patrimonial (PPQ), consistente en la propuesta de un Plan General de Catastro, Rescate y Protección del Patrimonio Cultural del Territorio de Quipisca.IMG_8118 copia (1)Taypimarka

En forma complementaria, la Fundación realizó para la Comunidad un estudio sobre etnohistoria del territorio de Quipisca. Este estudio complementa el trabajo avanzado por la Comunidad y encargado en años anteriores a otros autores (Historia y Vida en el Valle de Quipisca. Evolución Cultural de una Comunidad Andina, editada en 2014 por Horacio Larraín).

Hasta ahora en el territorio de Quipisca no se han podido datar sitios del Período Arcaico (12.000-1.500 AC), es decir, del tiempo de los primeros poblamientos del norte de Chile. No obstante, se sabe que la Región de Tarapacá ha sido escenario de una historia larga, cuyos primeros registros de población de cazadores y recolectores se remontan al menos a 12.000 años atrás, los que se reconocen en la Quebrada de Manín, en Huatacondo, entre otros sitios. Sin duda ya en esa época merodearon también el sector de Quipisca estos primeros habitantes del desierto, dejando como vestigio de su paso importantes talleres líticos, los cuales, si bien aun no han sido estudiados en profundidad, son indicios de la presencia humana y el aprovechamiento de los recursos del territorio desde esos remotos tiempos.

Asimismo, la quebrada de Quipisca tampoco permaneció ajena al proceso de sedentarización que se experimentó en la zona durante el llamado Período Formativo (1.500 AC -500 DC), cuyas primeras aldeas se conservan en sitios como Caserones, Pirca, Huatacondo y Ramaditas, todos igualmente en la Región de Tarapacá. En efecto, en Quipisca existen diversos sitios arqueológicos que evidencian estos procesos formativos, tanto en sus momentos tempranos, como más tardíos. En general, a estos períodos corresponden estructuras habitacionales transitorias, además de sectores de actividades agrícolas.

Sin embargo, por lo que sabemos hasta ahora, la mayor ocupación del territorio de Quipisca se desarrolla aproximadamente a partir del siglo X de la era cristiana, con poblaciones de carácter permanente ocupando la quebrada y sus espacios circundantes. Estas épocas son denominadas por la arqueología como Período Intermedio Tardío (900-1450 DC) y Período Tardío (1450 – 1540 DC) y sentaron las bases para la conformación de las actuales comunidades indígenas del norte de Chile. Algunos de los asentamientos de esa época que hoy en día se reconocen dentro del territorio ancestral de la Comunidad Indígena Quechua de Quipisca son: La Capilla o Quipisca antiguo, La Palma, La Angostura, Taypimarka y Tauquinza. Algunos de estos sitios se siguieron ocupando hasta el siglo XX por la misma Comunidad, tal como se recoge en diversos relatos orales.

Geoglifos en sector de Munujna oeste, Qupisca. Foto: Fundacion Desierto de Atacama, 2016

Algo que caracteriza a esta quebrada y al territorio de Quipisca es la densa trama de caminos y senderos que salen y llegan de todas las direcciones y que dan cuenta de las fluidas relaciones y los circuitos de intercambio e interacción. Tanto con la costa como con el altiplano y con la pampa, y especialmente con el valle de Tarapacá al norte, Mamiña al sureste y Pica al sur. Relacionados a este tránsito, además, se encuentra una gran cantidad de arte rupestre, destacando los geoglifos de Cerro Negro y los petroglifos de Taypimarka Alto, entre otros.

No es de extrañar, por lo mismo, el reciente hallazgo de un tramo del Camino del Inca que corre de norte a sur por la Pampa del Tamarugal, pasando a los pies de la quebrada. Ya durante el siglo XV el área fue incorporada al Tawantinsuyu, el Imperio de los Incas del Cuzco y por eso hasta el día de hoy pueden apreciarse diversos sitios, tanto habitacionales como sectores agrícolas, así como también caminos y rutas en el territorio de la Comunidad, que muestran el paso y la llegada de población inca a la quebrada. En efecto, dicha influencia incaica y el legado quechua en esta zona ha sido tomada como uno de los ejes unificadores de la identidad del Pueblo Quechua en comunidades indígenas de la Región de Tarapacá, como Quipisca, Iquiuca, Mamiña, Miñi-Miñe, Matilla, Pica-Quisma y Huatacondo.

En cuanto al período colonial, sabemos que la primera mención que se conoce por escrito sobre Quipisca data de 1787 y que en 1792 se crea la Vicaría de Tarapacá con cuatro curatos, designándose a La Capilla de Quipisca como anexo del curato de Tarapacá. Esto indica que a fines del siglo XVIII ya había una iglesia construida en el sitio de Quipisca Antiguo o La Capilla, denotando la importancia la quebrada y su rol litúrgico para la población del área. Dicha Iglesia pudo haberse derrumbado tras el fuerte terremoto de 1884, con lo que el 16 de enero de 1919 se inaugura la nueva Iglesia de Quipisca, bajo el título de la Concepción de la Santísima Virgen, siendo nombrado San Isidro como Patrono del pueblo. En esta iglesia se celebraban diversas fiestas, con música característica de las fiestas andinas, y se dió sepulcro a los indígenas del lugar.

En las fuentes históricas, además, se identifica a Quipisca como un área de gran importancia agrícola en tiempos coloniales, encontrándose heras de cultivo en diversos sectores de la quebrada, según las venidas del río, destacándose en estas fuentes los sectores de La Palma y Taypimarka. En estos y otros sectores siguió siendo transcendental la producción agrícola en tiempos posteriores a la Colonia y más tarde, al igual que otros pueblos del norte de Chile, los habitantes Quipisca se integraron como trabajadores, arrieros y comerciantes al trabajo en las salitreras.

Parte de la riqueza natural del Valle de Quipisca la componen su flora y fauna: aquí es posible encontrar tres especies nativas de árboles: Pimiento o Molle (Schinus molle), cuyos frutos eran usados para realizar bebidas fermentadas, sus ramas para fines constructivos y su madera como combustible; el Apama (Myrica pavonis) cuya madera era usada para la elaboración de herramientas y construcción de viviendas; y en menor cantidad que los anteriores se encuentra el Chañar (Geoffroea decorticans), usado también con fines constructivos. A nivel arbustivo encontramos a la popularmente conocida “Cola de Caballo” (Equisetum arvense), usada masivamente como techumbre o en la construcción de muros, debido a su gran capacidad de aislación térmica y que también es reconocida entre los habitantes por sus usos medicinales.

En cuanto a la fauna, existe la presencia de la tórtola cuculí (Zenaida meloda). Los mamíferos, como zorros y cuyes, han disminuido dramáticamente según relatan sus propios habitantes, quienes atribuyen esta ausencia a la cercanía de la Mina Cerro Colorado.

Sus habitantes, los distintos hallazgos arqueológicos, sus bellos paisajes y su producción agricola, convierten a Quipisca en un territorio con un riqueza patrimonial e histórica de incalculable valor.

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